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domingo, 9 de octubre de 2016

Ella y él




Ella pedía siempre el mismo deseo cuando veía pasar un tren: conquistar el amor de él.
Él se subía a cualquier tren que pasara sin detenerse por ella.

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Ella pensaba cada noche donde andaría él y anhelaba tenerlo a su lado. 
Él cada noche buscaba pasarla en cualquier lado, aunque sea mal acompañado.

Ella se despertaba feliz imaginando cuando lo volvería a ver, soñando como sería el encuentro.
Ella pensaba en qué cosas haría para verlo reír, para hacerle feliz. 
Él se despertaba pensando en salidas por la noche, en cuerpos sin nombres, en divertirse y pasarla bien.

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Ella se cansó de buscarlo sin respuesta, de esperarlo sin señales.
Él comenzó a sentir un vacío extraño, ella empezaba a hacerle falta.
Ella entendió que para él era solo una pesada y logró olvidarlo. 
Él se dio cuenta que para ella era importante y comenzó a echarla de menos.
Entonces él decidió buscarla. Ella ya no lo esperaba.
Ella sanó su corazón... el empezó a usar el suyo. 
Pero ya era demasiado tarde. 
Ella ya no lo amaba. 

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sábado, 2 de julio de 2016

¡Te dejo libre!

Te libero de mí, de mis reclamos, de mis celos, de mis temores. 
Te libero de mis defectos, de mi mal carácter, de mi inseguridad.



Te dejo libre del amor que tanto me empeñaba en darte, 
de los besos y los versos que me encargaba de entregarte.
Te dejo libre de mis días grises y mis días brillantes,
libre de mi sonrisa, mis caricias y mis planes. 



Te dejo libre de mis abrazos inesperados, de caminar juntos de la mano, de mi compañía incondicional.




Te libero de mí y mis ganas de ayudarte a mejorar, de mis manías por enseñarte cada vez más, 
te libero de mis locuras, de mis risas, de mis silencios, de mi sinceridad. 





Te dejo libre para que ya no me mientas, para que no te sientas obligado a tocarme ni mimarme
Te dejo libre para que ames a alguien como nunca pudiste amarme a mí.
Te dejo libre para que ya no juegues conmigo, para que sigas siendo un niño del que ya no me encargo de cuidar. 




Te dejo libre de mí porque dejaste de ser el hombre del que me enamoré, para ser una persona irresponsable, vacía y cruel
Te dejo libre para que hagas lo que quieras, 
pero no conmigo. 
Te libero de mí, porque de todos modos estando contigo extraño al hombre que eras. 
Extraño que me hagas reír, que me hagas sentir única, elegida, respetada y valorada por ti. 



Te libero de mí, porque ya no quiero sentirme presa de ti.
Te dejo libre para que crezcas y aprendas a amar. 
Y si algún día dejas ir el chico inmaduro que eres y vuelves a ser un hombre,
recuerda que hay una mujer que te está esperando... 
pero no te tardes, quizá haya otro hombre que se enamore de la mujer que dejaste ir.






lunes, 25 de abril de 2016

La primera vez...

Era maravilloso estar viviendo aquella aventura. Por alguna razón que sobrepasaba los límites de mi pensamiento, algo que jamás pasó por mi cabeza, estaba sucediendo frente a mis ojos. De forma casi mágica, pude estar en el cuerpo de otro y hacer lo que ese otro hacía. Su pensamiento era mío y el mío era suyo. No podía ni quería abandonar aquella aventura, ni aquel cuerpo. Me entregué a los hechos y a las consecuencias que pudieran venir. Sentía mucha curiosidad, quería seguir y seguir hasta el final. No pensaba en nada más solo me dejaba llevar por lo que estaba viviendo. Jamás había sentido algo así, era mi primera experiencia. Desde luego se convirtió en una experiencia única e inolvidable.
Me asombraba realmente como podía seguir siendo parte de aquel cuerpo sin que éste se viera afectado por mi presencia. Todo transcurría como un misterio para mí, para él era como si siempre lo hubiera imaginado. Eso despertaba más mi deseo y mi intriga por ir aún más lejos.
Me enfrenté a inmensos desafíos, muchos de ellos parecían tan irreales y otros, en cambio, tan simples y cotidianos. Pero todos ellos eran tan intensos que hasta sentía miedo en ocasiones y lloré en otras. Mi curiosidad insistió y me convencí de seguir.



El asunto central de esta trama estaba resolviéndose. Pronto nos dimos cuenta, él y yo, que aquella historia estaba terminando. Él parecía saberlo y le gustaba acercarse al final. Sin embargo, yo quería continuar. Desde luego que quería conocer ese final pero a su vez, no quería abandonar ese cuerpo, para volver al mío y a mi mundo... menos emocionante y más común.
Me habían fascinado tanto aquellos sucesos que me preguntaba si podría probar otras historias como esta, quizá con otro cuerpo.

Inevitablemente el final llegó. Tuve que abandonar ese cuerpo, esa historia, volver a mi realidad. Sin embargo, me sentía feliz de haber vivido esa historia, de probar algo nuevo, algo que me llevó muy lejos sin moverme de mi lugar. Me sentí dichosa de haber leído un gran libro ese día. Lo cerré y prometí volver a abrir otros libros, explorar otros mundos y vivir nuevas historias que permanecen encerradas entre páginas. Me imaginé a mí misma como un personaje atrapado en un libro, en el que alguien alguna vez entraría y ocuparía mi cuerpo, sintiéndose el protagonista de mi historia.

Esa fue, es y seguirá siendo una de las mayores aventuras de mi vida: enfrentar al mundo a punta de lápiz y como mi escudo un papel. Escabullirme en otro mundo a los que pocos viajan.
 ¡Bienaventurados los que leen!

lunes, 21 de marzo de 2016

¡Llegó el otoño!

Llegó el otoño
y nos encontró juntos,
y aquí sentada en la cama imagino los días que están por venir.

Imagino las hojas secas cayendo como lluvia de los árboles y nosotros como locos disfrutando de esas gotas coloridas. Imagino que tú y yo estaremos pisando esos <<charcos>> de hojas secas, sonriendo como niños al sentir el crujido que suelen hacer.
Iremos tomados de la mano por la ciudad otoñal, y al vernos nuestras caras reiremos al notar las narices y mejillas sonrojadas.

Y cuando te sorprenda el resfrío, yo estaré ahí para cuidarte. Entonces, me gusta imaginar que nos serviré sopa en una taza y te abrigaré con una manta. Besaré tu frente, tus mejillas y tus labios.
Me sentiré feliz de que el frío haya llegado.



Con un libro en las manos, enredados nuestros pies, escucharemos la lluvia que golpea las ventanas. Leeremos, agotados, luego de haber hecho el amor.


Imagino que por la tarde intentarás hacerme café con tortas fritas, aunque algo me dice que acabaré amasándolas yo...
Me gusta mucho tu compañía y el otoño es lo mejor para acercarme más y más a vos.




martes, 1 de marzo de 2016

Beneficios de leer en papel

No es novedad que la lectura trae muchísimos beneficios, pero en esta ocasión me voy a referir a los libros impresos y por qué son mejores que los libros digitales.



Tomemos un café y te cuento que... el debate entre los libros en físico y los electrónicos ha sido muy mencionado entre lectores, que defienden uno u otro. Sin embargo, la gran mayoría de los argumentos no han pasado de lo sentimental que es leer un libro impreso a lo práctico que es hacerlo con un dispositivo electrónico. 
Sin dudas es maravilloso sentir el papel en tus manos, admirar la portada, la textura de las tapas y las páginas, tocarlos y mirarlos durante largo rato, en tu estantería o incluso en las librerías donde puedes pasar horas deleitándote ante ese universo de libros que aumentan tu lista de libros por leer. 

Tener un libro impreso también significa que tienes donde guardar detalles especiales, como aquellas cartas que recibiste de alguien especial, esa rosa, ese trébol de cuatro hojas que tuviste suerte de encontrar... 

Puedes guardar notas o incluso hacerlas sobre las páginas, ¿que mejor manera de sentir que somos dueños de un libro si no es leyéndolo, analizándolo, haciendo anotaciones, dejándolos remarcados, llenos de post-it o marcadores en nuestras partes favoritas. 
Marcar la página en la que te quedaste con un bello separador, o quizás con una foto, una tarjeta o cualquier otra cosa que te sirva para recordar por donde has quedado en tu lectura.
Nadie puede negar que regalar un libro impreso es más significativo que uno digital. Un regalo tangible y envuelto de manera especial, es mucho más bonito que enviar un PDF, por ejemplo. Además, puedes incluir una dedicatoria escrita a mano, que es un detalle hermoso.




Algo similar es prestar un libro a una persona especial, pareja, amigas, familia. Les estás ofreciendo una parte de ti, algo que te gusta mucho, y que se lo recomiendas, que de verdad esperas que lo lea y sienta lo que tú sentiste al recorrer cada línea de esa historia. No existe nada tan bonito como compartir el gusto por la lectura. 


Si tienes hijos, sobrinos o simplemente te gustan los niños, seguramente piensas que es importante que conozcan el placer de pasar una página de papel, leer un libro impreso y también el escribir a mano. Además la lectura puede ser el momento perfecto, para grandes y chicos, de escapar de tanta tecnología, sumergirse en algo más tangible, que nos ayude a escapar del mundo digital. 


Por último, sabes que embriagarte con ese olor a tinta y papel, sea de un libro nuevo o viejo (mi preferido es el viejo), es un placer inigualable. 



No niego que los libros digitales tengan sus ventajas, pero quiero contarte además que la ciencia ha comprobado que el momento de lectura es mucho más beneficioso si se hace con libros impresos. 
 Al realizarse un estudio a principios del 2014, el investigador principal, Anne Mangen de la Universidad de Stavanger de Noruega, concluyó que “la retroalimentación visual y táctil de una Kindle no ofrece el mismo apoyo para la reconstrucción mental de una historia como lo hace un libro impreso”.
Mangen, plantea la hipótesis de que la diferencia “podría tener algo que ver con la firmeza de sostener un texto sobre el papel y el aumento gradual de éste a medida que avanzamos, es una especie de descarga de los sentidos y de apoyo al sentido visual cuando estás leyendo".
Disfrutar de lecturas largas y de frases literarias es en realidad una habilidad importante que se pierde si no la utilizas. Antes de que existiera Internet, el cerebro leía de manera lineal, aprovechando los detalles sensoriales para recordar de dónde venía la información clave a lo largo del libro.
Al leer cada vez más por medio de dispositivos electrónicos, nuestros hábitos de lectura se han adaptado a simplificar el texto en lugar de realmente absorber el significado. Un estudio de 2006 encontró que las personas leen en las pantallas en forma de “F”; leen la totalidad de la línea superior, pero luego sólo escanean el texto a lo largo del lado izquierdo de la página. Este tipo de lectura no lineal reduce la comprensión y realmente hace que sea más difícil enfocarse la próxima vez que queramos sentarnos a leer un texto más largo.
Muchos recomiendan por lo menos 30 a 45 minutos de lectura diaria lejos de las distracciones de la tecnología moderna. Al hacerlo, el cerebro puede volver a conectarse con la lectura lineal. Existen numerosos beneficios de lo anterior, como una reducción del estrés y una mejora de la capacidad de concentración.
También aumenta la empatía, sobre todo cuando estás leyendo una edición impresa. Un estudio descubrió que las personas que leen un cuento perturbador en un iPad eran menos empáticos y experimentaban con un menor grado el transporte y la inmersión de los que leen en papel.

La lectura de una novela pasada de moda también está vinculada a mejorar el sueño. Cuando muchos de nosotros pasamos nuestro día completo frente a las pantallas, puede ser más difícil decirle a nuestro cuerpo que es hora de dormir. Mediante la lectura de un libro impreso alrededor de una hora antes de dormir, el cerebro entra en una nueva zona de tranquilidad, distinta a lo que sucede frente a uno electrónico.

Fuente consultada: http://www.accionpreferente.com/ciencia/la-ciencia-tiene-una-gran-noticia-para-la-gente-que-lee-libros-impresos/


Y si te dijera...

Y si te dijera que seré fiel a ti,
que cuando me mires veras mi amor en lo profundo de mis ojos,
que cada día te estaré esperando aunque haya algunos en los que no me prestes atención.


Y si te dijera que al verte llegar saltaré sobre ti para demostrarte cuanto te he extrañado,
que me aproximaré a tu cuerpo, a tus manos para robarles una caricia, aunque me quites enseguida ese placer y me rezongues por mi atrevimiento.
Y si te dijera que busco solo una palabra de tus labios, una mirada, un instante de tu ocupado día, un pequeño gesto de amor;
que disimularé que no quiero que me toques la pansa porque siento cosquillas, pero como bien sabes es lo que más disfruto.



Y si te dijera que no me importa si no tienes tiempo para jugar conmigo, que me contentare entonces con estar cerca y si es posible sentarme a tu lado.
Que estaré cuidando que nadie se acerque para lastimarte, que siento celos cuando alguien se aproxima a ti y le dedicas más atención de la que yo recibo,
que en ese momento trato de hablarte y crees que estoy ladrando, que intento cantar y tú crees que estoy aullando.


Y si te dijera que no dormiré de noche para vigilar tus sueños, o que me meteré en tu cama cuando no lo notes, que estaré despierto por si te desvelas y quieres compañía. Que dejaré mi aroma y mis pelos en tu ropa solo para que me recuerdes al marcharte...

 

Y si te dijera que si un día ya no me encuentras, tienes que saber que la muerte me ha obligado a abandonarte, pero no te quiero ver sufrir y por eso me alejo antes.
Y si te dijera que todo esto es lo que siente un perro, sonreirías y correrías a mimarlo.



Te veo, sonrío porque sé que me has visto.

Micro-relato



Esa mulata chiquita, de pelo largo y ondulado, de ojos ardientes, miraba a la gente.
Buscaba ese encuentro, esa conexión, ese amor instantáneo y fugaz que aparece cuando se cruzan dos miradas, y se ven el alma por un instante.
Un instante que dura una eternidad.
En esa eternidad en que se cruzan dos almas, la tuya y la ajena, sientes que de alguna manera son dos enamorados.
Y luego te das cuenta que esa eternidad dura solo unos segundos. Pero eso no te duele, no te molesta, porque eso te pasa con mucha otra gente.
¿Eres una puta?. No, no lo eres. No te has acostado con ellos, no pretendes aferrarte a ellos. Simplemente los amas, simplemente les das tu amor en esa mirada.
Y les dices en silencio: “Tranquilo, no estas solo. No estas hundido en este mundo, yo te veo. Te veo y te comprendo, sonrío porque se que me has visto. Conozco lo que ocultas y lo entiendo; entiéndeme tú a mi.”
Más tarde lo recuerdas y le gritas sin abrir la boca, desde lejos, desde otro mundo: Te he visto y te quiero. Te amo, como amo a cien mil hombres, y a cien mil mujeres. Te amo como amo a los niños y a las mascotas. Te amo como amo al mundo, y aun así sigue siendo especial cada eternidad que nos miremos. Pero -repito- la eternidad dura solo unos segundos... y en unos minutos ya estaré amando a otro.




Y no, no soy una puta. Solo doy amor de una manera romántica y fugaz.
Una mulata chiquita que ama al mundo, como cualquier india que ama su aldea.

Y es que para mi el mundo es un pueblito y los ojos son la hoguera. Dejemos que la hoguera arda....y jamás intentes atraparla, porque las chispas siempre vuelan.


martes, 23 de febrero de 2016

Dormir contigo


Dormir contigo, es lo que más anhelo cada noche.
Sentirme feliz sobre tu pecho, escuchando como late tu corazón. Oír como respiras, mientras dormimos... sin pesadillas, ni temores, durmiendo entre tus brazos, sintiéndome segura.


El mundo se detiene, todo es calma, todo es amor.
Miro tu rostro sosegado, entregado al mundo de los sueños, y te acaricio pensando que soy la chica más afortunada por tenerte junto a mí cada día, y ser la única que duerme a tu lado cada noche. Y al sentir mis manos tú sonríes dulcemente, aún dormido, intentando mimarme.
Enredados entre las sábanas, somos tú y yo, el resto no existe. Se acaban nuestros problemas, nuestros celos, nuestros miedos. Basta que estemos juntos en la cama y recordamos que nada importa más que tenernos, que ser dos. Solamente dos... porque te quiero solo para mí, ésta y todas las noches. Porque te quiero y creo que eso lo dice todo. Dormir contigo y despertar siempre a tu lado. Soñando juntos, tú y yo.

viernes, 19 de febrero de 2016

¡Libros, libros!

¿Libros clásicos o contemporáneos?


La verdad es que si se trata de un buen libro, da igual cuando se escribió. Lo importante es que tenga lo esencial para atraparnos entre sus páginas.
Sin embargo, cada vez que voy a una librería, me inclino más por los libros clásicos y les doy poca chance a los modernos. ¿Por qué? Pues creo que se debe a que me encanta y no deja de sorprenderme cuanta actualidad -además de belleza- encierran esos libros que se han escrito hace siglos atrás. Me impresiona encontrar en sus líneas algo que sigue vigente hoy en día, como lo curioso del comportamiento humano o los problemas sociales, políticos o económicos. Incluso “adelantos” del futuro, es decir, hay libros que narraron algunos detalles que en la época en que fueron escritos no existían y muchos años después fueron creados (ejemplos de estos adelantos del futuro se pueden encontrar en los libros de Julio Verne o en el clásico 1984, de George Orwell).


Además de todo esto, creo que es justo seguir abriendo libros que por alguna razón han trascendido en el tiempo y la historia que llevan dentro siga resonando en cada nueva generación. Es un legado que nos ha dejado la humanidad, es lo que aquellos autores quisieron dejarnos como herencia y por lo tanto, no deberíamos ignorarla. Por último, creo que los libros clásicos tienen algo que han perdido los libros modernos -la mayoría-. Me refiero a que los clásicos no solo narran una historia, sino que entregan algo más profundo, una especie de descubrimiento o secreto que merece nuestra atención. Podemos aprender mucho de los libros clásicos, por eso los sigo eligiendo día a día.


Y otro pequeño detalle: los libros modernos, tales como los best-sellers, son muy leídos por estas generaciones, por lo tanto, es fácil encontrar a una persona que te hable de ellos, que te cuente de que se trata y que ocurre. Lo peor es que te pueden hacer un spoiler en cualquier momento, por eso es mejor elegir los clásicos que ya casi nadie lee o los “anónimos” a los que me voy a referir en otra oportunidad.

No crean que no me gustan los libros contemporáneos, simplemente no son mi prioridad. Y muchos de ellos son altamente recomendables. 


jueves, 18 de febrero de 2016

No olvidaré tu risa

"Recordar, del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón" -Eduardo Galeano. 


Es extraño ir por ahí recordando tu risa, tu voz; sintiendo tu presencia, sabiendo que ya no estás a mi lado como antes. Sonrío cada vez que mi mente me lleva hacia esos momentos tan alegres, tan llenos de chispa y de inocencia, en los que nunca faltabas tú.Tú que con tu risa me hacías sentir que estaba viva, hoy ya no sé reír sin ti.
Tú eras la alegría, la luz, la chispa que encendía nuestros rostros, que con tu brillo nos hacías sonreír, a pesar de todo. Tú fuiste la única que jamás me hizo llorar, que aunque tú misma estuvieras de mal humor, o estuvieras triste, lograbas exprimir lo mejor del momento y reír como si nada en el mundo fuera tan malo como para evitarnos ese placer de estar contentos. Tú, que con solo una mirada, lograbas que yo riera; que con pocas palabras conseguías que estallara una carcajada, e incluso que nos tentáramos de risa hasta el punto de sentir el dolor en nuestros cachetes y nuestras costillas. Tú que siempre me hiciste tan feliz simplemente estando presente, un mal día me obligaste a llorar hasta desgarrarme el alma, a sacar tantos litros de lágrimas de mi interior, que no sabía que tenía. Tuve que implorarle al cielo, al mundo entero, a cuántos dioses existan que no me abandones, que no te lleven lejos.


Lloré y sigo derramando tantas lágrimas como risas que antes compartimos, porque alguien o algo te obligó a que te marcharas. Porque la muerte te arrancó de mi lado, te robó la chispa, te apagó la mirada y se llevó tu risa. Para dejarnos llorando, buscándote desesperadamente por cada rincón que nos entregara un recuerdo. Por cada lugar, cada foto, cada instante, que me haga volver a pasar por el corazón esa alegría que tú me dabas; cerrando los ojos para volver a verte reír, bailar, amar la vida en cada segundo, como solo tú sabías hacerlo, hermanita. Te extraño y siento que estás presente -de otra manera- en cada instante de mi vida, cada vez que mi corazón susurra tu nombre o te llama a gritos, en cada momento que suena tu dulce risa animándome a secar estas lágrimas para seguir adelante. Siempre estaremos juntas pequeña niña, porque nuestro amor es eterno.  

lunes, 15 de febrero de 2016

En esa esquina...

Allí en esa esquina rota, sucia, vieja, había un mendigo. Todos los días la gente pasaba, mientras el yacía, casi inmóvil, tiritando de frío. La humedad del suelo helaba sus huesos, y entonces no podía dormir. Permanecía allí acostado, adolorido, hambriento y congelado.



Veía pasar cientos de pies por día, no importaba a que hora, pasaban siempre. Ruidosos tacos, delicados mocasines, gastados zapatos que los mas jóvenes arrastraban, piecitos pequeños, de niños, que demoraban su paso al pasar por ahí. Pero todos pasaban al fin y al cabo, una y otra vez, cada día, a cada rato, y nadie miraba al mendigo, nadie se detenía frente a él.

Era como una figura estampada al suelo, al paisaje, era parte de la esquina, era un poste, tal vez una molestia para muchos ojos.
Nadie jamás se detuvo, nadie nunca le dio comida, dinero, abrigo, ni los buenos días. Nadie sabía su nombre, ni su edad, ni como fue a parar allí.
Pero todos tenían la cabeza demasiado levantada para bajar los ojos y mirarlo. Todos tenían saliva para escupirlo, un sermón, un discurso moral, un insulto, una palabra para juzgarlo.
Una noche cayó la lluvia, y allí en esa esquina rota, sucia, vieja, había un mendigo. Abriendo la boca al cielo para saciar su sed, recibiendo más humedad para sus huesos, más frío para seguir tiritando. Un buen baño juzgarían los que pasaban a su lado, cubiertos con paraguas.
La lluvia no cesaba, llovió toda la madrugada, y el mendigo seguía allí acostado, adolorido, hambriento y congelado. Ahora también mojado.
Era como un capullo -un capullo que posiblemente no logrará jamás volar como mariposa-.
Allí en esa esquina rota, sucia, vieja, había un mendigo. Permanecía allí cuando amaneció, acostado, pero ahora sin dolor, sin hambre, sin tiritar de frío, sin mirar pasar tantos pies, con medias y zapatos que el no tenía.
Días después, allí en esa esquina rota, sucia, vieja, ya no había un mendigo. Nadie se extrañó de su ausencia. La gente seguía pasando por ese sitio, como si nada hubiera cambiado, como si nunca se hubiera ido el mendigo, porque aún continuaban sin mirar aquel sitio vacío.
Nadie fue al velorio, nadie reconoció su cuerpo. Su tumba no llevaba nombre ni fecha de nacimiento. Nadie dejó caer una lágrima, ni rogó que no se vaya, implorando al cielo que era injusto que nos dejara. Nadie dejo caer una flor por aquel hombre sin suerte, que fue un niño y pudo haber sido tu amigo.
Ese hombre que murió solo, pero vivió contigo, allí en esa esquina rota, sucia, vieja y -ahora- sin mendigo.

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¡Bienvenidos/as a mi blog y Muy feliz Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor! He vuelto luego de casi un mes de ausencia ...

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