jueves, 11 de enero de 2018

Los hijos de los días

Y los días se echaron a caminar. Y ellos, los días, nos hicieron. Y así fuimos nacidos nosotros,  los hijos de los días, los averiguadores, los buscadores de la vida.  (El Génesis, según los Mayas)

-Eduardo Galeano. Los hijos de los días. 📖




¡Hola lectores/as! 

Hoy les traigo una entrada algo especial, que me llena de entusiasmo.
Antes que nada quiero comentarles que Eduardo Galeano es mi escritor uruguayo favorito, nunca me canso de leer sus libros y tengo pensado leer toda su obra. Estoy completando la colección de libros que publicó con su propia editorial Ediciones del Chanchito. 

Y para que ustedes también puedan disfrutar de sus relatos tanto como yo, he decidido compartirles sus textos a través de este blog y de las redes sociales de Un café y te cuento.

Así que ya saben, no olviden darle "seguir" al blog y de unirse en Twitter, Facebook, Pinterest e Instagram, si así lo desean, para no perderse las lecturas de Galeano. 

Voy a comenzar por compartirles los primeros relatos del libro Los hijos de los días:

Enero 1

 Hoy 

Hoy no es el primer día del año para los mayas, los judíos,
los árabes, los chinos y otros muchos habitantes de este
mundo.
La fecha fue inventada por Roma, la Roma imperial, y
bendecida por la Roma vaticana, y resulta más bien
exagerado decir que la humanidad entera celebra este cruce
de la frontera de los años.
Pero eso sí, hay que reconocerlo: el tiempo es bastante
amable con nosotros, sus fugaces pasajeros, y nos da
permiso para creer que hoy puede ser el primero de los días,
y para querer que sea alegre como los colores de una
verdulería.

Enero
2
Del fuego al fuego

En este día de 1492 cayó Granada, y con ella cayó la
España musulmana.
Victoria de la Santa Inquisición: Granada había sido el
último reino español donde las mezquitas, las iglesias y las
sinagogas podían ser buenas vecinas.
En el mismo año comenzó la conquista de América, cuando
América era un misterio sin nombre todavía. 
Y en los años siguientes, en hogueras distantes, el mismo
fuego quemó los libros musulmanes, los libros hebreos y
los libros indígenas.
El fuego era el destino de las palabras que en el Infierno
nacían.

Enero
3
La memoria andante

En el tercer día del año 47 antes de Cristo, ardió la
biblioteca más famosa de la antigüedad.
Las legiones romanas invadieron Egipto, y durante una
de las batallas de Julio César contra el hermano de
Cleopatra, el fuego devoró la mayor parte de los miles y
miles de rollos de papiro de la Biblioteca de Alejandría.
Un par de milenios después, las legiones norteamericanas
invadieron Irak, y durante la cruzada de George W.
Bush contra el enemigo que él mismo había inventado se
hizo ceniza la mayor parte de los miles y miles de libros de
la Biblioteca de Bagdad.
En toda la historia de la humanidad, hubo un solo refugio
de libros a prueba de guerras y de incendios: la biblioteca
andante fue una idea que se le ocurrió al Gran Visir de
Persia, Abdul Kassem Ismael, a fines del siglo diez.
Hombre prevenido, este incansable viajero llevaba su
biblioteca consigo. Cuatrocientos camellos cargaban ciento
diecisiete mil libros, en una caravana de dos kilómetros de
largo. Los camellos también servían de catálogo de obras:
cada grupo de camellos llevaba los títulos que comenzaban
con una de las treinta y dos letras del alfabeto persa.

Enero
4
Tierra que llama

Hoy nació, en 1643, Isaac Newton.
Newton nunca tuvo, que se sepa, amantes ni amantas.
Murió virgen, tocado por nadie, aterrorizado por la amenaza
de contagios y fantasmas.
Pero este señor miedoso tuvo el coraje de investigar y
revelar el movimiento de los astros, la composición de la
luz, la velocidad del sonido, la conducción del calor
y la ley de la gravedad, esa irresistible fuerza de atracción
de la tierra que nos llama y llamándonos nos recuerda
nuestro origen y nuestro destino.

Enero
5
Tierra que dice

George Carver soñó con Dios.
—Pídeme lo que quieras—ofrecía Dios.
Carver pidió que le revelara los secretos del maní.
—Pregúntale al maní—le dijo Dios.
George, hijo de esclavos, dedicó su vida a la resurrección
de las tierras asesinadas por las plantaciones esclavistas.
En su laboratorio, que parecía cocina de alquimista, elaboró
centenares de productos derivados del maní y del boniato:
aceite, queso, mantequilla, salsas, mayonesa, jabón,
colorantes, tintas, melazas, pegamentos, talco...
—Lo dicen las plantas—explicaba—. Ellas lo ofrecen a quien
sepa escucharlas.
Cuando murió, en el día de hoy de 1943, tenía más de
ochenta años y seguía difundiendo recetas y consejos, y
daba clases en una rara universidad, que había sido la
primera en aceptar estudiantes negros en Alabama.

Enero
6
Tierra que espera

En el año 2009, Turquía devolvió la nacionalidad negada a
Nazim Hikmet y reconoció, por fin, que era turco su poeta
más amado y más odiado.
El no pudo enterarse de esta buena noticia: había muerto
hacía medio siglo en el exilio, donde había pasado la mayor
parte de su vida.
Su tierra lo esperaba, pero sus libros estaban prohibidos, y
él también. El desterrado quería volver:
Todavía me quedan cosas por hacer.
Me reuní con las estrellas, pero no pude contarlas.
Saqué agua del pozo, pero no pude ofrecerla.
Nunca volvió.

Enero
7
La nieta

Soledad, la nieta de Rafael Barrett, solía recordar una frase
del abuelo:
—Si el Bien no existe, hay que inventarlo.
Rafael, paraguayo por elección, revolucionario por
vocación, pasó más tiempo en la cárcel que en la casa, y
murió en el exilio.
La nieta fue acribillada a balazos en Brasil, en el día de hoy
de 1973.
El cabo Anselmo, marinero insurgente, jefe revolucionario,
fue quien la entregó.
Harto de ser un perdedor, arrepentido de todo lo que creía y
quería, él delató, uno por uno, a sus compañeros de lucha
contra la dictadura militar brasileña, y los envió al suplicio
o al matadero.
A Soledad, que era su mujer, la dejó para el final.
El cabo Anselmo señaló el lugar donde ella se escondía, y
se alejó.
Ya estaba en el aeropuerto cuando sonaron los primeros
tiros.


Enero
8
No digo adiós

En 1872, por orden del presidente de Ecuador, fue fusilada
Manuela León.
En su sentencia, el presidente llamó Manuel a Manuela,
para no dejar constancia de que un caballero como él estaba
enviando al paredón a una mujer, aunque fuera una india
bruta.
Manuela había alborotado tierras y pueblos y había alzado a
la indiada contra el pago de tributos y el trabajo servil. Y
por si todo eso fuera poco, había cometido la insolencia de
desafiar a duelo al teniente Vallejo, oficial del gobierno,
ante los ojos atónitos de los soldados, y a campo abierto la
espada de él había sido humillada por la lanza de ella.
Cuando le llegó este último día, Manuela enfrentó al
pelotón de fusilamiento sin venda en los ojos. Y preguntada
si tenía algo que decir, contestó, en su lengua:
—Manapi. Nada.

Enero
9
Elogio de la brevedad

Hoy se publicó, en Filadelfia, en 1776, la primera edición
de Sentido común.
Thomas Paine, el autor, sostenía que la independencia era
un asunto de sentido común contra la humillación colonial y
la ridícula monarquía hereditaria, que tanto podía coronar a
un león como a un burro.
Este libro de cuarenta y ocho páginas se difundió más que
el agua y el aire, y fue uno de los papás de la independencia
de los Estados Unidos.
En 1848, Karl Marx y Friedrich Engels escribieron las
veintitrés páginas del Manifiesto comunista, que empezaba 
advirtiendo: Un fantasma recorre Europa...Y ésta resultó ser
la obra que más influyó sobre las revoluciones del siglo
veinte.
Y veintiséis páginas sumaba la exhortación a la indignación
que Stéphane Hessel difundió en el año 2011. Esas pocas
palabras ayudaron a desatar terremotos de protesta en varias
ciudades. Miles de indignados invadieron las calles y las
plazas, durante muchos días y noches, contra la dictadura
universal de los banqueros y los guerreros.

Enero
10
Distancias

Tosiendo marchaba el coche.
Y a los tumbos, apilados dentro del coche, viajaban unos
músicos. Ellos iban a alegrar una reunión de campesinos,
pero ya llevaban un largo rato perdidos en los hirvientes
caminos de Santiago del Estero.
Los despistados no tenían a quién preguntar. Nadie había,
nadie quedaba, en aquellos desiertos que habían sido
bosques.
Y de pronto apareció, en una nube de polvo, una niña en
bicicleta.
—¿Cuánto falta?—preguntaron.
Y ella dijo:
—Falta menos.
Y en el polvo se fue.

Enero
11
El placer de ir

En 1887 nació, en Salta, el hombre que fue Salta: Juan
Carlos Dávalos, fundador de una dinastía de músicos y
poetas.
Según dicen los decires, él fue el primer tripulante de un
Ford T, el Ford a bigote, en aquellas comarcas del norte
argentino.
Por los caminos venía su Ford T, roncando y humeando.
Lento, venía. Las tortugas se sentaban a esperarlo.
Algún vecino se acercó. Preocupado saludó, comentó: —
Pero don Dávalos... A este paso, no va a llegar nunca.
Y él aclaró:
—Yo no viajo por llegar,; Viajo por ir.

Enero
12
La urgencia de llegar

En esta mañana del año 2007, un violinista ofreció un
concierto en una estación de metro de la ciudad de
Washington.
Apoyado contra la pared, junto a un tacho de basura, el
músico, que más parecía un muchacho de barrio, tocó obras
de Schubert y otros clásicos, durante tres cuartos de hora.
Mil cien personas pasaron sin detener su apurado camino.
Siete se detuvieron durante algo más que un instante. Nadie
aplaudió. Hubo niños que quisieron quedarse, pero fueron
arrastrados por sus madres.
Nadie sabía que él Erajoshua Bell, uno de los virtuosos más
cotizados y admirados del mundo.
El diario The Washington Post había organizado este
concierto. Fue su manera de preguntar:
—¿Tiene usted tiempo para la belleza?

Enero
13
Tierra que brama

En el año 2010, un terremoto tragó buena parte de Haití y
dejó más de doscientos mil muertos.
Al día siguiente, Pat Robertson, telepredicador evangélico,
lo explicó desde los Estados Unidos: este pastor de almas
reveló que los negros haitianos eran culpables de su
libertad. El Diablo, que los había liberado de Francia, les
estaba pasando la cuenta.


Enero
14
La maldición haitiana

El terremoto de Haití había culminado la larga tragedia de
un país sin sombra y sin agua, que había sido arrasado por
la voracidad colonial y la guerra contra la esclavitud.
Los amos destronados lo explican de otra manera: el vudú
tenía y tiene la culpa de todas las desdichas. El vudú no
merece ser llamado religión. No es más que una
superstición venida del África, magia negra, cosa de negros,
cosa del Diablo.
La Iglesia Católica, donde no faltan Heles capaces de
vender uñas de los santos y plumas del arcángel Gabriel,
logró que esa superstición fuera legalmente prohibida en
Haití, en 1845, 1860, 1896, 1915 y 1942.
En los últimos tiempos, el combate contra la superstición
corre por cuenta de las sectas evangélicas. Las sectas vienen
del país de Pat Robertson: un país que no tiene piso 13 en
sus edificios ni fila 13 en sus aviones, donde son mayoría
los civilizados cristianos que creen que el mundo fue
fabricado por Dios en una semana.

Aquí les dejo un vídeo si prefieren escucharlo: 


Hasta aquí les comparto los relatos de Los hijos de los días, espero que les haya gustado este post. Pueden ayudarme compartiéndolo en sus redes sociales.

Otra entrada como esta: El mundo| Relato de Eduardo Galeano.

¿Has leído a este escritor? ¿Qué te parecen sus textos? ¡Te leo en los comentarios!

¡Muchas gracias por leerme!


6 comentarios:

  1. Me encantó la entrada. Conozco poco de este autor pero he de agradecerte tu entrada y el compartir los diferentes escritos. Ha sido un placer leerte.

    Un saludo desde Write of Writer.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! Espero que disfrutes de las narraciones de este autor tanto como yo.
      ¡Saludos!

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  2. ¡Hola Amélie!
    Estoy igual que Pau, casi no conocía de este autor.
    ¡Un saludo de La Bibliotecaria!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola!
      Gracias por pasarte... Espero poder continuar compartiendo relatos de este autor para que más lectores/as lo conozcan entonces :D
      Saludos.

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  3. Hola! me encanta Galeano porque fue uno de los primeros autores que compartí con "esposo".
    Tengo un libro sobre su narrativa, lo conseguí en Tristán por muy poco, te paso el título porque tal vez te interese buscarlo: "Silencio, voz y escritura en Eduardo Galeano" de Diana Palaversich.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola!
      Me alegro que haya más personas que disfrutan de este increíble escritor.
      Muchas gracias por tu recomendación, veré si lo puedo conseguir. ¡Ya me lo apunté!
      Saludos.

      Eliminar

Puedes dejarme tu comentario, con gusto lo leeré y responderé pronto :)

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